Noches como la de ayer me hacen querer desaparecer el mapa. En serio. Ya acostada, escuchaba los aullidos de los miles de Atléticos llenando las calles de Madrid mientras leía un reportaje de El País, sobre los vínculos del Barça (sí, ese equipo de futbol ganador en todos los sentidos que lleva a Unicef en el pecho) con Uzbekistán, una de las dictaduras más brutales del Planeta en pleno siglo XXI según las organizaciones más prestigiosas de Derechos Humanos. Uno de lo signos distintivos de Uzbekistán es que todos los septiembres echa de las aulas a todos los niños a partir de los 10 años y los obliga a recoger el algodón que el estado cultiva y que sirve para que luego nosotros nos vistamos con camisetas de 5 euros. Algodón que pasa en aproximadamente un 50% por Bangladesh para ser hilado, tejido y convertido en prendas por personas que cobran el equivalente a 18 euros al mes (salario mínimo legal) en un país desmembrado, paupérrimo, esquilmado,sin organización social alguna.
¿Cómo es posible que sepamos de ese típo de co-responsabilidades sin que se nos mueva un músculo de la cara?!? ¿Qué le pasa al Barça y a sus millones de aficionados? ¿Qué le pasa a Unicef? ¿Qué les pasa a las textiles que compran ese algodón con esclavitud y dictadura como 'valor añadido'?